Jugar con alguien que está en otra ciudad casi nunca se frena por el juego en sí: se frena por todo lo que lo rodea. Una persona tiene cuenta y la otra no. La app está en la plataforma equivocada. Hay una descarga, luego una actualización, luego un inicio de sesión, y para cuando todos por fin están dentro, los veinte minutos que había para compartir ya se fueron.
Esa carga es la razón por la que tantas noches de juegos a distancia dejan de ocurrir sin que nadie lo decida. Los juegos de Movmash están hechos al revés: funcionan dentro de la sala en la que ya estás, en el navegador, con el mismo enlace que usabas para ver algo. Nadie instala nada y los invitados no crean una cuenta.
Eso también significa que no hay que elegir entre ver y jugar. La sala hace las dos cosas. Pon algo, juega una ronda de Conecta 4 mientras carga el siguiente episodio y vuelve a la película: la misma pestaña, las mismas personas, nada que cerrar ni volver a abrir entre una cosa y otra.
Los tres juegos están en el plan gratuito. Los planes de pago aumentan el tamaño de la sala, el tiempo de reproducción, las videollamadas y la calidad de la pantalla compartida; no bloquean los juegos ni añaden otros.